“Sólo es posible alcanzar un horizonte si uno persiste en la lucha y cultiva valores como la tenacidad, la constancia o la perseverancia”

Imagen. Francesc Torralba y la importancia de saber decir no. Adeccorientaempleo
 

Decir no, muchas veces, implica un verdadero desafío. Pero el filósofo y teólogo catalán, Francesc Torralba, nos explica porqué “decir no” significa también un movimiento de autoafirmación fundamental para poner límites a las presiones sociales y llevar adelante nuestros proyectos personales. Francesc ha publicado más de cincuenta títulos y ha sido galardonado con numerosos premios  de ensayo. Hoy, el autor reflexiona sobre su último libro “Saber decir no”. 

¿Cómo surge la idea de este libro?

Constato que me resulta muy difícil decir no, que tiendo a decir sí cuando, de hecho, tendría que haber dicho no. Constato, igualmente, que esta dificultad que comparto con muchas personas constituye una limitación al ejercicio de mi propia libertad. A partir de esto, me adentro en la mecánica de la toma de decisiones y en todo lo que limita y coarta el ejercicio de la autonomía personal.

¿Por qué es importante “saber decir que no” para los jóvenes?

El proyecto personal sólo es posible si uno es capaz de ser fiel a sus opciones fundamentales. Para ello, tiene que aprender a elegir y también a renunciar. La etapa vital donde se forja el proyecto vital es, justamente, la juventud. Para poder realizar cualquier sueño, tanto en el ámbito personal como profesional, es esencial saber articular correctamente el sí y el no. Elegir es descartar y, por lo tanto, renunciar. Sólo es posible alcanzar un horizonte si uno persiste en la lucha y cultiva valores como la tenacidad, la constancia o la perseverancia. Todo sí fundamental acarrea un abanico de noes. Cuando uno se compromete con un proyecto académico, empresarial, social o cultural, tienen que saber decir no a múltiples propuestas que van a seducirle durante su ejecución. Cuando uno está constantemente iniciando proyectos, respondiendo a solicitudes, experimentando hipotéticas vidas, no será capaz de lograr nada. Toda opción fundamental, del orden que sea, requiere dedicación y concentración.

¿Saber “rectificar” también es parte de “saber decir que no”?

Errare humanum est. Cabe la posibilidad de equivocarse, porque la falibilidad es parte consustancial de un ser vulnerable como la persona humana.  Persistir en el error cuando se ha verificado que es un error es un síntoma de estupidez o de arrogancia. Tener la audacia de aprender del error y empezar de nuevo es una manifestación de humildad. Rectificar cuando uno percibe que su opción no se corresponde con sus capacidades, con sus habilidades y con sus destrezas es un síntoma de inteligencia. Aprendemos por ensayo y error. El fracaso enseña, a pesar de que tendemos a ocultarlo o a marginarlo o bien a imputarlo a los otros.

¿Cuáles son las características de la sociedad actual que atentan contra esta necesidad de marcar un rumbo propio?

Vivimos en la sociedad del éxito. En el imaginario cultural se impone un modelo arquetípico de lo que es la buena vida, la vida bella, la vida ideal y es muy difícil enfrentarse a tal imagen y persistir en el propio rumbo. Cuando uno opta por un estilo de vida, por un modelo de existencia que choca contra este imaginario colectivo es calificado de extraño moral, de raro. El anhelo de ser aceptado, de ser reconocido, de pertenecer a la tribu tiene como consecuencia la autocensura, la autolimitación, la renuncia al propio proyecto vital. Este proceso de renuncia tiene como resultado final una sociedad de clones que se limitan a imitar modelos de éxito que se nos presentan a través de los medios de comunicación audiovisual o de la publicidad.

¿Qué le recomendaría a los jóvenes para hacer frente a estos obstáculos?

El primer paso es el análisis de las propias posibilidades y necesidades. El segundo consiste en la autodeterminación, en la capacidad de identificar un proyecto que se corresponda con la propia naturaleza y, en último lugar, la voluntad de aprender de quienes tienen experiencia y pueden aportar su bagaje a la hora de desarrollar el propio proyecto vital. Nadie nace enseñado. La experiencia de las generaciones maduras puede ser decisiva para evitar naufragios y para acertar en las estrategias. Sin embargo, esto no salva del error, ni reduce a cero el fracaso, pero permite perseguir el propio sueño con más probabilidades de éxito.

¿Cómo se podría traducir esta conducta en el ámbito laboral o profesional? ¿A qué es necesario decir no?

La vida laboral está, progresivamente, colonizando la vida personal, afectiva y social de la persona. El ser humano es más que un ser hecho para trabajar y para consumir. Es un ser polifacético y multidimensional. Aprender a decir no en el mundo laboral significa poner límites para salvaguardar la vida íntima, personal, familiar y social. Ello no resulta nada fácil, porque las tecnologías de la información  y de la comunicación invaden la esfera privada del hogar y permiten prolongar, anticipar y continuar la actividad laboral más allá de los tiempos y de los lugares pactados. Decir no al mundo laboral es clave para mantener la salud mental y física, pero también para poder cultivar otras dimensiones de la persona, además de la actividad laboral. Con frecuencia sucumbimos al hombre unidimensional que se limita a producir y a consumir, lo cual nos empobrece como seres humanos.

¿Por qué es tan difícil marcar estos límites y aceptarnos?                               

Vivimos en la sociedad de ilimitación. Nos repiten por activa y por pasiva que todo es posible, que cualquier sueño se puede hacer realidad y que mediante la tecnología se podrán cruzar todas las fronteras, limitaciones y sanar todas la necesidades y carencias. Este paradigma está muy asumido cultural y socialmente, pero es un falso paradigma que sólo genera frustración, desencanto y escepticismo. El límite existe, pero no sabemos dónde está. Tenemos límites físicos, intelectuales, emocionales, pero nos resulta muy difícil aceptarnos con nuestras fronteras. También tienen límites nuestros seres queridos, pero no queremos aceptarlo. Cuando uno conoce sus límites y decide en conformidad con estos, desarrolla buenas elecciones.

¿A qué es necesario renunciar para lograrlo?

Se descubre el límite a posteriori. A priori uno no sabe cuáles son sus límites intelectuales, físicos o emocionales. En la situación descubre sus posibilidades, pero también sus necesidades. En ocasiones, la situación nos sorprende y gracias a ella descubrimos un potencial en nosotros mismos que nunca habíamos detectado, pero en otras ocasiones, la situación nos revela, con crudeza, nuestras carencias y limitaciones. La inmersión en la situación constituye un baño de realismo. No se puede estar en todos los sitios, ni desarrollar correctamente todos los oficios. Ejercer correctamente un solo oficio exige la dedicación de toda una vida. No se puede ser amigo de todos los seres humanos, porque la amistad requiere tiempo, cuidado, dedicación, estima, entrega y ello, necesariamente, exige priorizar y discernir.

Categoria: Conversaciones

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