«Me traje en la maleta un ‘chip’ positivo»

Publicación
01 de mayo de 2015
Lectura: 3 minutos

Barcelonesa de nacimiento y alemana de adopción, desde 2012 Elisabet se instaló con su familia en este país germánico dejando atrás su carrera como Marketing Manager, para aventurarse a una etapa donde la maternidad y la escritura darían un nuevo rumbo a su vida.

¿Hace cuánto tiempo y por qué decidiste emigrar y establecerte en Alemania?

En octubre 2011, y coincidiendo con el nacimiento de nuestra primera hija, mi marido recibió una oferta profesional para trasladarnos a la central de la empresa en la que trabajaba, ubicada al sur de Alemania. Tras valorar todo lo que se suele valorar en estos casos, finalmente pensé: ¿qué es lo peor que puede suceder? Que consiga hablar alemán. Bueno, en realidad lo peor hubiera sido que no encajáramos. Pero entonces estaba claro lo que podíamos hacer: volver.

¿Tenías empleo al llegar allí?

Mi mayor ilusión al nacer mi hija era disfrutar de ella durante sus dos primeros años. Esto fue precisamente lo que nos brindó la oportunidad de ir a Alemania: pude dedicarme a mi pequeña. Y, a su vez, poco a poco fui conociendo una nueva faceta mía, que cada día me gustaba más y más. Actualmente desarrollo mi proyecto profesional a través del blog de “crónicas germánicas”, que ha desembocado en un libro que está a punto de editarse: “101 secretos de Alemania”. En él cuento y comparto los secretos de la vida cotidiana en Deutschland que no te contarán en tus clases de alemán, ni encontrarás en ninguna enciclopedia y deberías conocer. Una especie de guía para principiantes de la cultura alemana. De todas formas, no descarto disfrutar de la experiencia de trabajar en una empresa de aquí. De ahí creo que, como mínimo, sale otro libro.

¿Qué es lo mejor de la experiencia de vivir en esta ciudad?

Haber descubierto una parte de mí que no conocía. Como le dijo una vez Christopher Robin a Winnie the Pooh: “Eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que aparentas y más listo de lo que piensas”. La valentía en mi caso es una de las cosas que más me ha sorprendido gratamente. Desde el primer momento sabía que iba a ser difícil, sobre todo por el idioma, el “élfico alemán”, que por cierto en Alemania es imprescindible hablarlo. Pero desde el primer día tenía lo más importante que me traje conmigo en la maleta desde Barcelona: un ‘chip positivo’ cargado de paciencia, ilusión y ganas de trabajar y descubrir un mundo totalmente distinto para mí.

¿Qué ha sido lo más difícil hasta ahora?

Sin lugar a dudas: los horarios. Confieso que incluso ahora me cuestan. Aquí todo se hace más temprano. Y, en consecuencia, te vas a dormir temprano. Eso sí, salir del trabajo temprano es la teoría, en casa vivimos la práctica de trabajar “hasta las tantas”. Puedo sin problema levantarme con las gallinas para desayunar con calma con la pequeña. Pero me cuesta horrores cenar pronto. En parte porque quiero cenar con mi marido y llega algo tarde. No conseguimos cenar antes de las nueve de la noche ni un día.

¿Te ha costado adaptarte?

Aquí recalcaría la importancia de la preparación. Nosotros vinimos a Alemania con contrato de trabajo firmado y con la casa alquilada antes de mudarnos. Es importante que cada uno, según su situación, se prepare bien antes de emigrar, puesto que “a la torera” no suele funcionar. Lo imprescindible al llegar es no pretender hacerlo todo el mismo día. Necesitas dosis de paciencia infinita con el idioma, clases interminables para no dejar de aprenderlo bien, interactuar con gente sin vergüenza por no pronunciar bien, interesarte por el país. Mantener la cultura propia es también importante, pero nunca vivir aislado en una burbuja. Eso es una equivocación total para una integración exitosa. Sí, yo en Alemania soy feliz. Pero me atrevería a decir que también sería feliz si estuviera en cualquier otro lugar. Es lo de siempre: en esta vida lo más importante es la actitud.

¿Qué es, para ti, lo principal a tener en cuenta antes de probar suerte en Alemania?

Precisamente no hacer eso de “probar suerte”. Para venir a Alemania lo más importante es venir preparado: con un contrato de trabajo o, en su defecto, suficiente cantidad de dinero para sobrevivir mientras se busca. ¿Cómo se iban, sino, a afrontar los necesarios gastos mensuales: casa, luz, agua, comunidad, comida, bebida, clases de alemán…?

No se trata de “probar suerte” en Alemania. Se debe querer ir a Alemania por alguna razón concreta. A partir de ahí: disfrutar mucho y trabajar muchísimo.

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