«Esta experiencia me ha abierto más la mente»

Publicación
14 de noviembre de 2014
Lectura: 3 minutos

Al finalizar un master en Sevilla, Teresa obtuvo una beca Erasmus Practicum que le permitió ganar experiencia profesional en Alemania. Actualmente, hace tres años que reside en la ciudad de Bremen y se desempeña como profesora colaboradora del Instituto Cervantes de esa ciudad y también como responsable del departamento Hispano de la agencia de publicidad Brandfisher Werbeagentur Bremen. Hoy, nos habla sobre el recorrido vivido, los aprendizajes ganados y los desafíos enfrentados. 

¿Hace cuánto tiempo que vives en Bremen y por qué elegiste este destino?

Llevo aquí tres años. Me vine con una beca Erasmus Practicum o, como llaman ahora, Erasmus Plus. La beca era en la Universidad de Bremen. Tuve varias opciones pero éste era el único destino europeo.

¿Tenías trabajo al llegar o lo conseguiste allí? ¿Cómo fue ese proceso?

La beca la obtuve en Sevilla cuando realizaba mi master de enseñanza del español como lengua extranjera. Tuve varias opciones pero me decanté por venir a Alemania. La beca duró seis meses y después conseguí ser profesora colaboradora del Instituto Cervantes, ya que gracias a mi trabajo en la universidad conocí a gente de allí. Como al principio no tenía muchos cursos y no hablaba alemán, conseguí un trabajo con contrato de Minijob para una empresa alemana-egipcia que me permitió estudiar la lengua. Este trabajo lo obtuve gracias a que hablaba francés y mi jefe no hablaba alemán (solo francés y árabe). Así que me contrató porque podía comunicarse mejor conmigo que con cualquier otro alemán. Luego, a través de los foros, conocí a españoles y comencé a trabajar para una empresa española como administrativa e intérprete. Cuando se acabó, obtuve un trabajo en una empresa de publicidad en Bremen. Ahora sigo allí, encargándome de las empresas españolas que quieran publicitarse o abrir mercado en Alemania y también sigo siendo colaboradora del Instituto Cervantes.

¿Qué es lo mejor de la experiencia de vivir en este país?

Aprender cada día. No hay noche que me acueste y no haya aprendido algo. También te hace ser más tolerante. Vives en tu persona lo que viven los extranjeros en España. Esta experiencia me ha abierto más la mente. A parte, pasar los veranos aquí es un gustazo en comparación con los veranos en Sevilla.

¿Y lo más difícil?

El idioma y la cultura. El alemán no es fácil. Yo llevo aquí tres años y no lo hablo bien, aunque me defiendo. Y la cultura es tan diferente a la nuestra que cuesta a veces no sentirse perdida. Igualmente, siempre me consuela pensar que a ellos también les cuesta la nuestra, así que me dedico a entenderlos y adaptarme, sin esconder mis raíces. Pero supongo que lo más difícil es no estar con la familia en los momentos importantes ni ver cómo mis tres sobrinos, entre los que está mi ahijado, crecen. No estar ahí para verlos es lo más difícil de todo.

¿Cuál son las principales diferencias con España?

Además del idioma, ¡la comida! ¡Cómo echo de menos un filete de ternera en condiciones o el pescado fresco, unos calamares o unos chipirones! O salir por la noche a tapear de manera espontánea. Aquí eso no se lleva. Ni las tapas ni la espontaneidad. Hay que avisar siempre antes, las fiestas se hacen en casa, donde también se bebe. Y comer, en un restaurante y en silencio. ¿Qué nos diferencia? En realidad, casi todo.

¿Qué le recomendarías a alguien que quisiera probar suerte en esa ciudad?

Primero que venga con cierto nivel de alemán y con alojamiento. En Bremen es muy difícil encontrar piso y trabajo sin el alemán. Si no tienes el idioma puedes encontrar trabajo en alguna empresa de limpieza o sitios de comida rápida, aunque cada vez hay más competencia. Les recomendaría que se lo pensaran bien. Aquí se habla alemán y da lo mismo que hables perfectamente inglés. También hay que entender a los alemanes y respetarlos. Si algo no les gusta, no tienen pelos en la lengua. En cambio, nosotros solemos ser más políticamente correctos. Tampoco acceder a las ayudas sociales es tan fácil como lo pintan. Y, sobre todo, que vengan con lamente abierta. Criticar cada cinco minutos puede costarte caro a nivel anímico.

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