“Es importante tener una red de contactos”

Publicación
10 de abril de 2015
Lectura: 4 minutos
susana

Desde su blog “Una gata entre vikingos”, Susana narra la particular aventura de una madrileña que lo ha dejado todo por amor y ha iniciado una nueva vida en Copenhague. Con certezas e incertidumbres, el camino de Susana nos enseña mucho sobre la experiencia de migrar y establecerse en tierras lejanas.

¿Hace cuánto tiempo y por qué decidiste emigrar?

Llegué aquí hace siglos, o al menos eso me parece. La razón, nada original, un “vikingo”. Él había vivido y trabajado en España durante unos años, conocía nuestra forma de vivir, nuestro idioma, nuestra cultura y aunque yo ya había estado varias veces trabajando y de vacaciones en Dinamarca, pensaba que para que la relación pudiera funcionar era importante conocer de primera mano la vida por estas tierras. Así que hice las maletas, dejé mi trabajo, mi piso y, sobre todo, mi familia, y me planté en Copenhague. Fue en el verano del año 2004, hace casi 11 años.

¿Tenías empleo al llegar? 

Estaba inmersa en un proceso de selección en la Agencia Europea de Medio Ambiente, que tiene su sede en Copenhague. Era la segunda vez que optaba a un puesto en esta institución europea, ya que la primera vez había quedado en la lista de interinaje. Las posibilidades eran bastante buenas, pues el puesto se adecuaba mucho a mi perfil profesional. Pasé las entrevistas, pero no conseguí el puesto de trabajo y paralelamente terminó la vigencia de la lista de interinaje en la que estaba. De la noche a la mañana, en el crudo invierno danés, me quedé sin alternativas.

Con el tiempo y tras muchos y diversos intentos de volver a mi área laboral (consultoría de medio ambiente) sin éxito, decidí que era muy joven y tenía mucho que ofrecer para estar metida en casa y empecé a trabajar algunas horas como ayudante de conversación en una escuela de español. Después de un tiempo, un compañero decidió iniciar su propia escuela y me ofreció la posibilidad de acompañarlo en el proyecto. No me lo pensé dos veces. De naturaleza soy inquieta y me gusta la idea de crear algo desde cero y darle forma, aprender en el proceso y crecer con el proyecto. El esfuerzo ha merecido la pena, la experiencia está resultando muy enriquecedora.

¿Qué es lo mejor de vivir en Copenhague?

Viniendo de Madrid, Copenhague me pareció en un principio un poco limitante por su tamaño, su tranquilidad, su silencio, sus horarios y su falta de “vida” más allá de las 6 de la tarde. Pero, en cambio, me ofreció desde un primer momento la posibilidad de trasladarme en bicicleta a donde quisiera con total seguridad y disfrutar de la ciudad de otro modo, descubriendo zonas y rincones que en coche, bus o metro hubiese sido imposible descubrir. Aquello me pareció -y me parece a día de hoy- un lujo para una capital europea.

Copenhague, además, me ha permitido “descubrir” el cambio de estaciones. En Madrid apenas me daba cuenta si las flores florecían o las hojas de los árboles anunciaban el otoño. Mis señales eran la llegada de la alergia o el cambio de la chaqueta al abrigo. Aquí los parques y zonas verdes abundan en la ciudad y el tránsito de una estación a otra es muy marcado. La primavera, como la de ahora, es una explosión de luz y colores vivos. Un milagro -acostumbro a decir cada año- después del largo y oscuro invierno.
¿Te costó mucho adaptarte?

Sí, para qué mentir. Quizás porque mi idea era vivir aquí unos años y volver a casa, o quizás porque el “modelo escandinavo” que tan idolatrado tenemos en  España no se ajustaba exactamente a la realidad… pero sí, me costó adaptarme.

¿Qué ha sido lo más difícil?

No podría decir una sola cosa, creo que es una mezcla en la que los factores se interrelacionan. Por una parte, los factores locales: climatológicamente, la falta de luz. El frío es más que soportable, pero la falta de luz es mortal. Días y días sin ver el sol cambia la perspectiva de todo y de todos porque los mismos daneses son otros con la llegada de la luz y el buen tiempo. Su carácter -y no me gusta generalizar- tiende a ser distante, reservado y tranquilo, y con la falta de luz se agudiza. La falta de espontaneidad, la forma de relacionarse, los silencios eternos durante las conversaciones en una reunión de amigos, la necesidad de planificar todo, hasta el ocio, me desesperaban en un principio. Ahora convivo con ello y lo asumo lo mejor que puedo. Y por otro lado, los factores personales. Asumir que la vida de tu familia y amigos “en casa” sigue sin ti y que no vas a estar en muchos momentos, importantes o cotidianos, sin duda es lo más difícil.

¿Qué le recomendarías a alguien que quisiera probar suerte en Dinamarca?

Le diría que El Dorado no existe. La vida aquí es muy cara y cuesta mucho abrirse camino aún teniendo formación universitaria y experiencia laboral, pues es muy importante tener lo que llaman “netværk”, es decir, una red de contactos. Antes de venir, estudia el área del mercado laboral que te interesa, las posibilidades y requisitos que te van a pedir, evalúa las posibilidades de trabajar en otras ciudades que no sean la capital, pero que estén bien comunicadas, porque posiblemente la vida y la vivienda no serán tan caras. No vengas a probar y a ver si sale algo de lo tuyo después de un tiempo porque ese tiempo puede ser muy largo, especialmente si tu nivel de inglés no es muy bueno y tus conocimientos de danés nulos.

Lo ideal es que  vengas con un contrato de trabajo bajo el brazo, pero si no es el caso, estudia la situación, sé realista y, sobre todo, ponte las pilas con el danés. Aunque hables inglés, el danés te abrirá muchas puertas y no sólo laborales.

Un último consejo, si puedes trasládate en primavera o verano. Así, cuando llegue el invierno tendrás en tu retina la imagen del país con buen tiempo y eso te ayudará a no desistir en el empeño.

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